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El mantón: de Manila a Lurigancho

sábado, 25 de febrero de 2017

El primer Cobo en interesarse por la isla filipina de Manila fue el dominico Fray Juan Cobo, quien se afincó en ese lugar en 1588. Aunque su presencia tuvo como objetivo la evangelización, es a través de sus cartas que actualmente se conocen detalles de los intercambios comerciales de la época, como el del Galeón de Manila, que llevó a Europa y América un telar de gran trascendencia: el mantón de Manila.
Fue en el siglo XIX que esa pieza se popularizó en Lima, dejando de ser exclusiva de la aristocracia y cobrando protagonismo en la ciudad al convertirse en el aliado ideal de la coquetería de las tapadas limeñas. Sus colores y adornos de flores y aves llamaron la atención de artistas de la época. Es por ello que podemos verlas tanto en el lienzo anónimo “La Plaza Mayor de Lima en 1680”, como en varias obras de Pancho Fierro.
El tiempo hizo que el telar cayera en desuso, hasta que hace dos años otro Cobo apareció en la historia. “Me interesó cómo la iconografía había cambiado a partir de la masificación de la prenda”, cuenta el español Pepe Cobo, quien organiza la muestra “Flores de Lurigancho”, que se expone en la galería Forum de Miraflores. “De ser un elemento propio de las clases altas pasó a ser del pueblo y eso es lo que he querido mostrar”, añade. 
A partir de esa curiosidad, Cobo decidió trabajar con cinco internos del penal de Lurigancho, pues, según sus palabras, “ellos representan la interpretación popular”.
Sobre yute y usando hilo de lana de colores, los internos crearon 16 piezas de mediano tamaño. En ellas destacan símbolos como aves grises (como las palomas que abundan en Lima), gallos multicolores, pavos reales posados en ramas. Y junto a esos animales, las obras lucen casas y jarrones de evidente influencia asiática, como una reminiscencia de los orígenes del mantón. (Diario El Comercio)

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