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OPINIÓN. I know what you did last time, por Marco Sifuentes

sábado, 11 de febrero de 2017

I know what you did last time, por Marco Sifuentes (El Comercio)
El día en que Alejandro Toledo selló su destino final yo estaba en Palacio. Fue el 4 de agosto del 2005. Los periodistas lo vimos firmar su sentencia: el contrato de la Interoceánica. Había algarabía en el Salón Dorado, pero algo no cuadraba. Algunas voces –la mayoría, entonces, de la izquierda, hay que reconocerlo– venían alertando de un contrato millonario aprobado sin estudio de impacto ambiental y sin pasar por el SNIP.
El SNIP fue un sistema que controlaba en qué se gastaba la plata de todos los peruanos. Fue creado durante el gobierno de transición de Paniagua para evitar que se repitiera un saqueo como el de los 90. Pero a la tecnocracia que se apoderó del Estado en este siglo nunca le gustó. De hecho, una de las promesas de campaña de PPK fue eliminar el “maldito SNIP”. Y su gobierno acaba de cumplir. Lo mató hace un par de meses. Bye, bye, fucking SNIP.
Volvamos al 2005 pero no a esa fatídica ceremonia de Palacio, sino un poco más atrás. En febrero de ese año el SNIP ya era maldito, imaginamos. De otra manera no se explica el Decreto Supremo 022-2005-EF, que, ahora lo sabemos, es la madre del interoceánico cordero. El gobierno decretaba –porque sí– que un desembolso de 800 millones no tenía por qué ser evaluado por el SNIP. De esta forma, no pudo determinarse si la Interoceánica era necesaria o si el gasto correspondía con los beneficios que supuestamente traería.
Pero hay más. Las “EF” de ese decreto significan “Economía y Finanzas”. ¿Adivinan quién era el ministro de EF? Pues adivinan a medias. Efectivamente, era PPK. Sin embargo, oh casualidad, no firmó ese decreto porque estaba fuera del país. Recuerdo perfectamente que ese providencial viaje fue la comidilla entre periodistas. ¿No se quería ensuciar las manos? ¿Sabía algo que nosotros no?
Y aquí volvemos a agosto del 2005, a Palacio. Presente en la ceremonia estaba Fernando Olivera. ¿Por qué? Nadie sabe. Entonces era embajador en España. No tenía nada que hacer allí. Una semana después, en ese mismo Salón Dorado, estaba jurando como canciller de la República, para desconcierto de todo el mundo. Los mismos partidarios de Toledo se preguntaban abiertamente, ante cámaras, si ‘Popy’ “le sabía algo” al presidente.
A los dos días –desembarcado ya de la cancillería–, Olivera nos dio una pista. También estuve en esa conferencia. En medio de su pataleta, reveló que él mismo había cabildeado con el contralor a favor de la millonaria carretera. “Si no se levantaba la observación de que había un 100% de sobrevaluación en la Interoceánica, ese contrato no se hubiera firmado”, se pavoneó.
“I know what you did last time”, le dijo Eliane Karp a PPK esta semana. Pero, hasta donde yo recuerdo, en esa época parecía más bien que todos sabían todo lo de todos. Ya es hora de que alguno se vaya sincerando. 
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