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OPINIÓN. La raíz del problema, por Juan José Garrido

miércoles, 15 de febrero de 2017

La raíz del problema, por Juan José Garrido (Diario Perú 21)
Como advertimos hace semanas, la izquierda política y mediática tratará de vender la idea de que, detrás de las corruptelas (casos Odebrecht y Lava Jato), se encuentra el sistema económico de libre mercado. Ayer, en un artículo ofensivo y de baja calaña, el sociólogo Nelson Manrique repite la monserga, olvidando –como hemos dicho antes– que la corruptela vino justamente del gobierno socialista de Lula y Dilma que ellos patrocinaban, a través de gobiernos que ellos apoyaron.
En respuesta, muchos liberales y conservadores han sostenido que no hay relación entre izquierda o derecha y corrupción, tratando –imagino– de neutralizar así los embates cínicos de estos sinvergüenzas. Así las cosas, la corrupción no estaría enraizada en el modelo económico, sino sería parte de la naturaleza humana. El problema es que eso tampoco es cierto: la corrupción sí está ligada a un modelo económico, solo que no al modelo de libre mercado.
Ana Isabel Eiras, analista de Heritage Foundation, publicó en 2003 el estudio “Ética, corrupción y libertad económica”. Aprovechando la data, a la fecha, sobre los componentes de los sistemas económicos (políticas comerciales, impuestos y gasto fiscal, política monetaria, peso regulatorio, entre otros) y de corrupción, encuentra una relación negativa significativa entre ambas variables: a mayor libertad económica, menor corrupción, y a menor libertad económica, mayor corrupción.
De hecho, los niveles de percepción sobre los estándares morales son cuatro veces mayores en los países económicamente más libres que en aquellos países económicamente más restrictivos.
Al estudiar dichas relaciones, lo que Eiras encuentra es simple: la corrupción, más que un problema, es un síntoma, un comportamiento inadecuado (inaceptable, por cierto) del sector privado ante las acciones regulatorias y un pésimo ambiente legal (protección de la propiedad privada, o independencia del Poder Judicial, por ejemplo).
Para capitalizar en el río revuelto de las corruptelas brasileñas, lo primero que tendría que hacer la izquierda es denunciar al Partido de los Trabajadores brasileño, artífice financiero del caso Lava Jato. Solo así nos demostrarían que, al menos, pueden identificar la raíz de este problema.
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