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OPINIÓN. Presidencias eternas, por Mirko Lauer

sábado, 25 de febrero de 2017

Presidencias eternas, por Mirko Lauer (Diario La República)
El comentario de Rafael Correa sobre su retorno al poder por la vía de una “muerte cruzada” si su candidato no gana en la segunda vuelta es bastante infeliz. Pues si bien ese mecanismo de mutua cancelación entre Ejecutivo y Legislativo es constitucional, dice mucho sobre la entraña caudillista de su participación en la política.
Pues lo que está diciendo es que nadie sino él o un político de sus filas puede gobernar el Ecuador, es decir una seria distorsión de la democracia. A la vez el comentario no ha sorprendido a nadie, pues Correa no es excepción: mantenerse todo lo posible en el poder ha venido siendo ambición de casi todos los presidentes de América Latina.
Lo practican virtualmente todos, pero los repitentes más notorios son los de la llamada izquierda latinoamericana. Es el caso de Nicaragua, obviamente el de Venezuela, y ahora en Bolivia Evo Morales quiere seguir a pesar de haberlo negado en alguna oportunidad. En Brasil fue necesaria una conspiración para separar al PT de la presidencia, a la que quizás vuelva.
No se puede obviar que una parte importante de los electorados acompaña estas ansias de perpetuidad. Los presidentes de izquierda son populistas y populares. Los de derecha tienden a ser más bien republicanos, es decir institucionalistas. Estos últimos prefieren regresar más adelante, en la medida de lo posible.
Cuando una gestión presidencial funciona razonablemente, la continuidad es vista por muchos como algo positivo. Pero hay también los recursos de las gestiones irrazonables pero mañosas, generalmente dedicadas a hipotecar el futuro del país en nombre de un presente de dádivas. Y terminadas las dádivas, siempre está el recurso a la mano dura.
La reelección presidencial, vía normas constitucionales, existentes o reformadas, apareció en los años 90, puesta en marcha por presidentes como Alberto Fujimori o Fernando Henrique Cardoso. Pocos protestaron en ese momento, sobre todo porque el continente empezaba a salir de la crisis de los años 80, y enrumbaba hacia una mayor prosperidad.
Pero con el tiempo han ido asomando de nuevo las virtudes de la alternancia democrática, no solo entre personas sino sobre todo entre partidos. Correa debería respetarla. Si quiere volver a la presidencia, debería hacerlo por la vía regular, y dejar que su oposición gobierne con todos los recursos disponibles.
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