N O T I C I A S:

Pepe Ludmir, el mago del Oscar

sábado, 25 de febrero de 2017

Por: Alberto Servat
Lo conocí en el verano de 1991. Como todos los años, Pepe Ludmir acababa de llegar a Lima para un ritual que practicaba durante décadas y del que era el amo absoluto en nuestro país: transmitir la entrega del Óscar. Yo comenzaba mi carrera periodística y si algo entendía en aquel momento era la importancia que tenía para el mundo del espectáculo aquella caprichosa ceremonia que se realizaba en Hollywood desde finales de los años 20. Una premiación a cargo de una Academia creada por un grupo de locos que no aceptaba el desdén con el que lo miraban los intelectuales y artistas del Este, es decir de Nueva York y Europa.
Desde aquellas primeras ceremonias hasta la última década del siglo XX las reglas del juego habían cambiado notoriamente. Pero lo que seguía vigente en el ahora lejano 1991 era la fascinación que seguían inspirando las estrellas de cine, inalcanzables hasta entonces, en un mundo anterior al Internet, a las redes sociales y a los ‘reality shows’. ¡Qué ingenuos éramos entonces, al menos vistos desde nuestra actual posición! Pepe Ludmir era un convencido admirador de los legendarios nombres del pasado y había tenido contacto con ellos desde que comenzó a cubrir los premios de la Academia. Fue en 1953 que logró convencer a sus jefes en Radio Panamericana para que lo enviaran a Hollywood. Así, con grabadora de alambre, como él mismo me contó, hizo su primera transmisión. Solo comentaba los resultados y en la sala de prensa, que hoy congrega a miles de periodistas de todo el mundo, únicamente estaban él y el camarógrafo de un noticiero de cine. Sin duda era un pionero.
Hoy todo es tan diferente. Los periodistas que acudimos a la cobertura somos asignados a diferentes pabellones, dependiendo del país, la plataforma, la empresa representada y muchas cosas más. La seguridad es brutal y es muy difícil que un periodista asignado a un área pueda pasar a otra. El castigo a semejante transgresión es la expulsión. Se ha perdido todo contacto humano y ver a las estrellas a unos metros de distancia es la única recompensa.
CINEMERO
En la entrevista hablamos sobre los ganadores de ese año. Especialmente sobre el triunfo de “Danza con lobos”, que se impuso ante películas como “Goodfellas” o “El Padrino III”. Ludmir, que se definía a sí mismo como un cinemero, admiraba Hollywood y consideraba sin dudarlo que era la mejor elección. Me imagino que se preguntarán por qué hablábamos sobre los ganadores si todavía no se había transmitido la ceremonia. Y la respuesta es simple: Pepe Ludmir asistía a la premiación y luego viajaba al Perú. El Óscar se transmitía en diferido y editado, una semana después de ocurrido. Por mi parte, conocía los resultados porque los había escuchado por radio. Esa era nuestra realidad. En cuanto a los diarios, estos publicaban la relación de ganadores tras recibir los cables de las agencias de noticias internacionales.
Riguroso y perfeccionista, Pepe Ludmir defendía la transmisión en diferido. En un mundo sin Internet eso era posible. No importaba el factor sorpresa, su traducción era impecable y nos contaba los antecedentes y anécdotas de cada personalidad. Sabía de qué estaba hablando, los conocía y lo maravilloso en todo esto es que esas estrellas lo conocían a él. Además, tras un proceso de edición, la ceremonia de tres horas se reducía a una hora y media para el público peruano. Es cierto que hoy es impensable una situación como esta y es por eso que muchas personas han naufragado al tratar de hacer su trabajo en vivo y en directo. Es realmente difícil.
En cuanto al papel de la Academia, su posición era de respeto. Consideraba el Óscar como “un acto electoral que comienza cuando la Academia proclama los candidatos y hay un período en el que los miembros votan por su favorito. Cuando digo que es un acto electoral es porque así se lleva. Todos los órganos gremiales en ese período están repletos de páginas de avisos pagados en las que cada estudio felicita a ocho de sus actores nominados. Pero de que la votación es auténtica, lo es; de que el resultado es secreto, también”.
¿Cómo haría su trabajo Pepe Ludmir hoy en día? Difícil decirlo. Sin duda se habría adaptado a los cambios. Y su profesionalismo se habría mantenido. Pero lo que es cierto también es que la industria ha cambiado mucho. Se ha vulgarizado de tal manera que al ver caminar a una actriz sobre la alfombra roja de inmediato viene a nuestra memoria el video íntimo que acaba de saltar en las redes sociales. Ya no estamos frente a Bette Davis o Susan Hayward, a quienes Pepe se dirigía como “señora Davis” o “señora Hayward”. Las estrellas han perdido el aura que las distinguía del resto de mortales. Eso no estaba en los planes de ningún amante del cine. Menos en los de Pepe Ludmir.
Murió el 12 de febrero de 1996, unas semanas antes de una nueva premiación. Habían pasado más de cuarenta años desde que comenzó una aventura que hoy perdura.
LOS MAESTROS DE CEREMONIA DE LA GALA
Bob Hope (1903-2003)
Nunca compitió por un Óscar por sus trabajos cinematográficos pero la Academia lo convocó para ser maestro de ceremonias en la gala 18 veces a lo largo de 38 años. El esfuerzo valió la pena, porque el célebre actor cómico se llevó a casa cuatro Óscar honoríficos y el Premio Humanitario Jean Hersholt.
Whoopi Goldberg 
La comediante ganó el Óscar a Mejor Actriz de Reparto por “Ghost” (1990), mucho antes de convertirse en la primera mujer –y la primera afroamericana– en ser maestra de ceremonias de los premios Óscar, aunque antes sí hubo mujeres presentadoras. Gozamos su picardía viéndola en la pantalla chica los años 1994, 1996, 1999 y 2002. 
Billy Crystal 
Cuando “El silencio de los inocentes” fue nominada a siete estatuillas, lo vimos ingresar al escenario con la máscara de Hannibal Lecter. Nos tenía acostumbrados a sus ocurrencias, porque nos había acompañado en los Óscar nueve veces, entre 1990 y el 2012, cuando dio la posta a Seth MacFarlane.
Ellen DeGeneres 
La primera vez que animó los Óscar fue en el 2007. La segunda fue en el 2014, cuando en medio de la gala tomó el famoso ‘selfie’ que dio la vuelta al mundo. “Hagamos una foto que bata el récord de retuits”, dijo, y así fue: seis horas después del final de la ceremonia, tuvo dos millones y medio de retuits. (Diario El Comercio)
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