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OPINIÓN. La revolución de febrero, por antonio Zapata

miércoles, 1 de marzo de 2017

La revolución de febrero, por antonio Zapata (Diario La República)
Hace exactamente cien años se produjo la caída del zar de Rusia en la llamada revolución de febrero de 1917. En su reemplazo surgió el “gobierno provisional”, que representaba la democracia parlamentaria. De una manera sorprendente, no lograría asentarse, y solo ocho meses después daría paso a la revolución bolchevique de octubre. ¿Cuáles fueron los factores que precipitaron la ruina de la democracia liberal en Rusia y cómo surgió el primer estado comunista del planeta?
El elemento clave fue la I Guerra Mundial, que opuso a Gran Bretaña, Francia y Rusia contra los imperios centrales: Alemania, Austro-Hungría y Turquía. Por ello, Rusia se enfrentaba contra Alemania en el llamado frente oriental. Para la alianza de Gran Bretaña y Francia, la participación de Rusia era esencial porque caso contrario, Alemania trasladaría toda su maquinaria de guerra al frente occidental y arrollaría a los aliados en las trincheras.
Por ello, Francia y Alemania presionaron insistentemente a Rusia para que continúe la guerra contra Alemania. Pero Alemania venía ganando la lucha y causaba grandes bajas en el ejército zarista. Los rusos tenían un enorme ejército, pero mal pertrechado y peor dirigido. De este modo, las tropas enviadas incesantemente al sacrificio rechazaban continuar la guerra.
Ese ánimo explica la creciente insubordinación del ejército y su rápido abandono del zar para pasarse al lado del gobierno provisional dirigido por un famoso líder de esa época, Alexander Kerensky. Lo acompañaban los liberales y van a gobernar, en consecuencia, convocando a una Asamblea Constituyente para sentar las bases jurídicas de la república parlamentaria.
En ese momento, los revolucionarios formaron los soviets, que eran asambleas de fábricas que tomaron control de los centros productivos y de las barriadas populares de las grandes ciudades, fundamentalmente Petrogrado y Moscú. Los soviets estaban inspirados en una forma organizativa que había surgido en ocasión de una revolución anterior y, convocados nuevamente, extendieron su influencia como frente único de la oposición de izquierdas al gobierno liberal.
Inicialmente, los soviets no pretendían tomar el poder, sino conformar un bloque socialista dentro del orden demo-liberal en gestación. Pero Inglaterra y Francia siguieron urgiendo a Rusia a continuar su suicida enfrentamiento contra Alemania.
En abril, Lenin regresó a Rusia y reorientó al partido bolchevique. Tuvo la capacidad de percibir que la continuación de la guerra disolvería al ejército ruso y que, por consiguiente, el gobierno de Kerensky no se sostendría. Su estrategia puso por delante el reclamo de paz inmediata y logró que los soviets ganen el sostén de los soldados. Ellos, por su parte, eran campesinos que progresivamente van a aceptar el liderazgo socialista que emanaba de los soviets.
De este modo, la Revolución rusa no surgió de una guerra revolucionaria contra el ejército del Estado, sino de la habilidad política de los bolcheviques para ganarse a las tropas. Una vez lograda la captura del Estado, los comunistas disolvieron la Asamblea Constituyente y comenzaron las grandes transformaciones sociales que habían prometido.
Recién en ese momento comenzó una guerra civil, porque Francia y Gran Bretaña apoyaron diversos levantamientos anticomunistas. Pero fueron derrotados y los rojos lograron consolidar su poder en Rusia, constituyendo la Unión Soviética.
Sin guerra mundial no habría habido Revolución rusa, ella es hija de una época de destrucción masiva, que siempre ha sido el contexto de las grandes revoluciones. Pero, a la vez, es hija del genio de Lenin, que vio su oportunidad y no se limitó al papel de oposición al gobierno liberal, como hubiera aconsejado la prudencia. Siempre que sea sustentada, en la guerra gana la audacia.
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