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OPINIÓN. El testigo y el borrador, por Cecilia Valenzuela

miércoles, 17 de mayo de 2017

El testigo y el borrador, por Cecilia Valenzuela (Diario El Comercio)
La pareja Humala-Heredia se ha quedado sin luz, está tapada de denuncias y acusaciones. El lunes, el mismísimo Marcelo Odebrecht ratificó lo que ya había dicho Jorge Barata: que les dio tres millones de dólares durante la campaña presidencial del 2011. Y la cosa se les pone color de hormiga porque ese dinero salió –y la fiscalía peruana tiene cómo demostrarlo– de la Oficina de Operaciones Estructuradas de Odebrecht; es decir, del departamento de sobornos de la constructora, que aunque era ilegal tenía todas sus cuentas digitalizadas y en orden.
Pero la noche les caerá, sin duda, por el Caso Madre Mía. Los testigos de las atrocidades cometidas bajo las órdenes del ‘Capitán Carlos’, presentados en el programa “Beto a saber”, han declarado, todos, en la misma línea. Y el testimonio que “La ventana indiscreta” recogió en el 2006, y que fue propalado por “Primer plano” hace una semana, refiere, también, crímenes feroces, operaciones de exterminio y de una crueldad impensable.
Un equipo de la fiscalía especializada en DD.HH. está tomando las declaraciones y buscará a todos los testigos para que terminen de decir la verdad. Una verdad admitida por el responsable en las agendas de su esposa cómplice, quien tomó nota exhaustiva de los lobbies que sus operadores tuvieron que hacer entre los magistrados en los que recayó la primera investigación judicial que se hizo del Caso Madre Mía.
La defensa de la pareja ya ha mostrado parte de su estrategia: atacará las fuentes, dirá que los testigos no fueron militares, que no aparecen registrados en los padrones del Ministerio de Defensa. Que son testigos bamba.
El nombre del sargento José Ponce Ruiz, quien declaró para “La ventana indiscreta” en el 2006 y cuyo testimonio cité en esta misma columna el miércoles anterior, no aparece en el padrón del Ministerio de Defensa, pero al momento de ofrecer su declaración tenía en su poder dos medallas y varias fotografías vestido de militar y armado de una AKM.
Su condición de sargento e integrante de un destacamento especial asignado a la selva de la región San Martín, cerca de los valles de la región Huánuco, será corroborada por la fiscalía que ya investiga la razón por la que los nombres de los otros soldados que formaron parte del batallón que lideraba Ollanta Humala en 1992 tampoco aparecen en los registros del cuartel de Tingo María.
Durante la campaña del 2006, “La ventana indiscreta” descubrió que el legajo de Humala había desaparecido de los archivos del EP; ahora se descubre que los nombres de la promoción reclutada en 1991 en el cuartel de Tingo María, de la que salió la tropa asignada a la base de Madre Mía, tampoco están. El político Ollanta Humala quiso borrar los nombres de los testigos del ‘Capitán Carlos’. Pero los crímenes que se cometieron durante su jefatura no se tapan con un borrador. Humala fue capitán de una base militar en la zona de emergencia en los años en los que Vladimiro Montesinos tomó el control de la estrategia de la lucha antisubversiva ejecutada por las FF.AA. involucrando destacamentos de inteligencia operativos, es decir, armados.
En 1991, con un decreto ley se exoneró a los servicios de inteligencia del control político y se los puso bajo el control de la Presidencia de la República para que funcionaran bajo las órdenes del SIN.
La autonomía de los aparatos de inteligencia del Ejército, la Dinte (Dirección de Inteligencia del Ejército) y el SIE (Servicio de Inteligencia del Ejército) permitió que en las bases de la zona de emergencia se crearan destacamentos de aniquilamiento que, por su carácter secreto, eran itinerantes.
Durante el primer lustro de los años 90, las estrategias y los planeamientos operativos en la selva del Perú estuvieron a cargo de los oficiales que dirigían esas bases militares. Muchos de ellos actuaron bajo su propia discrecionalidad, pero fueron previamente adoctrinados en el pensamiento Montesinos, el mismo que creó, en 1991, el grupo Colina.
Los testimonios recogidos ahora confirman que en la selva, durante esos años, los sospechosos se cazaban abusando que la mayoría de los pobladores eran colonos recién llegados o se dedicaban a actividades ilegales como la producción de pasta básica o tráfico de madera.
El trabajo de la inteligencia de la policía especializada en terrorismo salvó a nuestro país de una carnicería: capturó al cabecilla senderista y a su cúpula asesina, con lo que reducir a las huestes del senderismo dejó de ser bárbaro. Ahora conocemos más detalle.
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